El último cambio ministerial del presidente Boric no hizo más que confirmar lo que ya se sabía: este gobierno se ha construido sobre dos pilares inseparables, el nepotismo más descarado y la partitocracia marxista que domina toda la izquierda.
La famosa “excelencia” de la que habló Boric al asumir el mando desapareció al poco andar. Lo que tenemos hoy es un entramado de vínculos familiares, de cuñas y de camarillas que recuerda más a un feudo político que a un gobierno republicano.
Para comprobarlo basta mirar un solo caso. Tomemos al ministro de Economía, Nicolás Grau. Hijo de Paulina Veloso, que fue secretaria general de Gobierno en tiempos de Bachelet; hermano de Matías Grau, funcionario del Ministerio de Desarrollo Social; primo de Claudia Pascual, ex ministra de la Mujer y hoy senadora comunista; y pariente de otros cuantos que ocupan cargos de confianza o asesoran a ministerios. Todo queda en familia.
Esto no es una anécdota, es un método. Y un método que tiene consecuencias graves, porque en la medida en que el Estado se llena de parientes y compañeros de militancia, se vacía de mérito, de competencia y de autoridad moral.
Chile está cansado de estos experimentos. Un gobierno que funciona como oficina de empleos para sus cercanos no puede inspirar respeto. Por eso hay que decirlo con claridad: no queremos más un nuevo gobierno de izquierda, porque cada vez que llega al poder, convierte al país en propiedad privada de su partido.