América Latina: un rechazo continental a los candidatos de la izquierda.

Juan Antonio Montes Varas

El presidente del Partido Comunista de Chile, Lautaro Carmona, en reciente visita a la infeliz isla de Cuba tejió los más absurdos elogios al ex dictador de las Antillas: «A los comunistas chilenos nos honra participar en este coloquio centenario del compañero Fidel (…) un rasgo esencial de su ética, su humanismo, su humanidad, que no midió y no tuvo límites». [i]

Para el dirigente comunista chileno, sin embargo, no todo es color de rosa. El avance de la derecha es considerado en esas mismas declaraciones como: «el peligro más importante que afronta la humanidad. La expresión recalcitrante de la ultraderecha fascista que se impone en nuestros países».

Las aprensiones del comunista chileno, sobre la expansión de gobiernos de derecha en el Continente, tienen más sentidos que su letanía a favor del difunto dictador de las Antillas.

En efecto, en ninguna época histórica reciente se había constatado una tal seguidilla de resultados electorales favorables a candidatos de derecha y de fracasos estrepitosos de la izquierda.

Comenzó por el fracaso del kichenerismo en Argentina y la subida del candidato Milei, el más opuesto al proyecto del socialismo peronista, con el 55,65%. Javier Milei fue elegido el 10 de diciembre de 2023 y, posteriormente, en octubre del año pasado, su Partido, “La Libertad Avanza (LLA)”, obtuvo aproximadamente 40,7% de los votos a nivel nacional, confirmando de este modo el giro hacia la derecha en las preferencias de la opinión pública argentina.

Por su parte, la expresidenta Kirchner enfrenta un proceso judicial que le ha resultado particularmente adverso.

A partir de la Argentina, la sucesión de resultados electorales a favor de las posiciones más de derecha en el escenario de los respectivos países, justifican la visión de pesadilla con que estos resultados son visto por el comunismo internacional.

El 13 de abril de 2025, en Ecuador, Daniel Noboa fue reelegido presidente con el 55,63 % de los votos, derrotando a la candidata Luisa González, respaldada por los seguidores del expresidente Rafael Correa, quien aspiraba a regresar al Ecuador a través de su candidatura.

Sus planes, sin embargo, fracasaron. El mentor de la candidata González se vio obligado a permanecer en Bélgica, fuera del alcance de la justicia ecuatoriana, mientras pesa sobre él una condena y otros procesos judiciales pendientes.

Apenas cuatro meses después, el 17 de agosto del mismo año, fue la oportunidad de Bolivia para sumarse a esta onda de triunfo anticomunistas.

En la primera vuelta, Rodrigo Paz obtuvo el primer lugar con aproximadamente 32,1 %, mientras Jorge Quiroga obtuvo cerca de 27,3 %. En total, los dos candidatos de centro y de derecha obtuvieron más de la mayoría absoluta de los votos.   

El resultado de la segunda vuelta, que le concedió el triunfo al candidato de centro derecha, Rodrigo Paz, significó el fin de casi dos décadas de predominio del “Movimiento al Socialismo (MAS-IPSP), liderado por Evo Morales.

Al igual que los expresidentes de Argentina y Ecuador, Evo Morales permanece prófugo de la justicia boliviana, refugiado en su bastión político, evitando presentarse ante los tribunales para defenderse de las graves acusaciones que pesan sobre él.

En el mes de noviembre, fue la oportunidad de Honduras de juntarse a esta ola de rechazos a la izquierda. El 30 de noviembre, el candidato de derecha, Nasry Asfura, se impuso en una reñida y lenta disputa con el 40,26 % de los votos.

No pasó siquiera un mes cuando, el 14 de diciembre, se produjo en Chile uno de los giros políticos más significativos de la región. José Antonio Kast, situado en la posición más de derecha del espectro político, obtuvo un contundente 58,2 % de los votos y derrotó a la candidata comunista Jeannette Jara.

El resultado volvió a confirmar la tendencia que venía recorriendo América Latina: el avance inexorable de las opciones de derecha y el rechazo electoral de los candidatos de la izquierda.

Las cosas no terminaron ahí. El 1 de febrero del año en curso, Costa Rica se sumó también a esta tendencia. Laura Fernández, candidata de la derecha y continuadora del proyecto político del presidente Rodrigo Chaves, obtuvo cerca del 50 % de los votos y se impuso en primera vuelta. Su partido consiguió además un resultado histórico en el Parlamento, pasando de 8 a 30 de los 57 escaños, lo que le otorgó una amplia mayoría legislativa.»

El resultado costarricense confirmó que el giro político hacia la derecha no era un fenómeno aislado, sino una tendencia que continuaba extendiéndose por la región.

Pero la cadena no se detuvo. En 2026, Colombia y Perú se incorporaron también al nuevo mapa político latinoamericano. En Colombia, la derrota de Iván Cepeda significó el fin del gobierno de Gustavo Petro y el ascenso de Abelardo de la Espriella, un candidato al cual los comentaristas políticos consideraban demasiado a la derecha y con un discurso católico tradicional. Entre sus promesas, de la Espriella espera consagrar nuevamente a Colombia al Sagrado Corazón.   

En Perú, Keiko Fujimori derrotó al izquierdista Roberto Sánchez y devolvió al fujimorismo a la Casa de Pizarro.

Así, lo que inicialmente podía parecer una sucesión de episodios aislados adquirió las características de una evidente tendencia continental.

Argentina, Ecuador, Bolivia, Honduras, Chile, Costa Rica, Colombia y Perú: ocho países en los que, con distintas intensidades y bajo diferentes liderazgos, el electorado se ha inclinado hacia la derecha o la centroderecha.

A esta lista de naciones que han escogido candidatos de derecha se podría agregar al Presidente Bukele, quien a partir de su elección como Presidente del Salvador en 2019, adoptó posiciones cada vez más fuertemente caracterizada por su énfasis en la seguridad, el orden y el combate frontal contra el crimen y que ha significado, en estas materias, un referente para los candidatos señalados.

Esta sucesión de fracasos de las opciones de izquierda explica las expresiones del comunista chileno, Lautaro Carmona, según el cual estamos frente al: «peligro más importante que afronta la humanidad. La expresión recalcitrante de la ultraderecha fascista que se impone en nuestros países».

Quienes ven con simpatía estos resultados, no pueden dejar de preguntarse si ellos permanecerán en el tiempo, o si sólo representan una corta primavera. Parece demasiado pronto para responder a esta importante cuestión, sin embargo, se pueden hacer algunas conjeturas.

Es claro que el giro latinoamericano hacia la derecha no es fruto de una súbita conversión ideológica. Es, antes que nada, el resultado de un voto de protesta: protesta contra la inseguridad, contra el deterioro económico, contra la corrupción, contra la inmigración descontrolada y contra gobiernos de izquierda que se caracterizaron por un populismo demagógico en plano cultural y por una tendencia estatista fracasada en el campo económico.

Siendo así, corresponde a los nuevos Gobiernos hacer cumplir las expectativas que levantaron y no renunciar a los principios que los llevaron al Poder. Si ellos atienden a esas expectativas, garantizan el crecimiento de las respectivas economías y restablecen el estado de derecho, ciertamente conseguirán traspasar el mandato a nuevos candidatos de su sector.

Hacemos votos para que la Divina Providencia conceda especiales luces a estos gobernantes y los encamine por los rumbos de una auténtica civilización cristiana. 


[i] Cfr. «Carmona (PC) alaba a Fidel y dice que avance de la derecha es el principal ‘peligro’ para la ‘humanidad'», “EL Mercurio”, 12 de agosto, 2026.

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