La entrega abnegada de la vida en el servicio a los principios y al ideal de la Civilización Cristiana constituye un testimonio de fe que vence las sombras del tiempo. El tránsito a la eternidad de los hombres rectos que dedicaron sus días a la defensa del orden natural, la familia y la tradición no representa la pérdida de una causa, sino la confirmación de que la auténtica victoria pertenece a quien combate el buen combate con la mirada puesta en la Providencia.