El «pueblo» según el marxismo: La estrategia desestabilizadora que amenaza a Chile y Bolivia

Por Juan Antonio Montes Varas

Existe un fenómeno político de carácter transnacional que vincula de manera estrecha y preocupante a la oposición de izquierda en Bolivia con la que hoy opera en Chile frente a sus respectivos gobiernos. Lo que une a ambos sectores no es una coincidencia programática casual, sino el desconocimiento explícito de la legitimidad de las recientes elecciones democráticas en las que resultaron electos los presidentes José Antonio Kast en Chile y Víctor Paz en Bolivia, ambos respaldados por mayorías sustantivas y reconocidas institucionalmente por sus estados.

A poco andar de estas administraciones de orden, ambas oposiciones de izquierda han activado de forma paralela estrategias destinadas a bloquear, desgastar o derribar el ejercicio legítimo de la autoridad. Esta actitud, que a muchos analistas sorprende por su beligerancia, responde estrictamente al concepto marxista de «pueblo». Para el dogma comunista, el pueblo no está constituido por la totalidad de los ciudadanos de una nación que se expresan soberanamente en las urnas. Para ellos, el «verdadero pueblo» es únicamente aquella fracción de la sociedad que ha sido ideológicamente concientizada en la lucha de clases y que se moviliza activamente en la calle para derrocar las estructuras vigentes. Bajo este sesgo tiránico, cualquier gobierno que no sea de izquierda es calificado a priori como una imposición de la «burguesía» y, por ende, carente de validez popular, sin importar cuántos millones de votos haya obtenido.

Un ejemplo alarmante de cómo se implementa esta mentalidad subversiva en nuestra propia patria lo constituye la reciente denuncia sobre la denominada «Casa Bolívar», un centro de adoctrinamiento político para jóvenes ubicado en las inmediaciones de la Plaza Brasil, en pleno corazón de Santiago. Dirigido por elementos de extrema izquierda confesamente afines a movimientos narcoterroristas internacionales como las FARC, este lugar no es un centro cultural, sino una fragua destinada a formar los cuadros revolucionarios que luego ejecutan los actos de violencia vandálica en nuestras calles para provocar el caos.

Chile y Bolivia no están viviendo crisis aisladas; enfrentan una misma estrategia desestabilizadora basada en la doctrina marxista de la confrontación total. Ante este escenario, desde Chile en la Encrucijada advertimos: es imperativo denunciar y repudiar el marxismo en todas sus facciones y disfraces. Solo la claridad doctrinaria y la firmeza del principio de autoridad podrán resguardar la estabilidad, la libertad y el orden en nuestra región. Muchas gracias.

Compartir