El general Manuel Baquedano ocupa un lugar destacado en la historia militar y política de Chile. Admirado por su papel durante la Guerra del Pacífico, su figura también refleja los valores tradicionales y el pensamiento conservador que caracterizaron a gran parte del liderazgo militar del siglo XIX.
Su vida representó una combinación de disciplina militar, patriotismo y adhesión a los principios de orden y autoridad.
Nacido el 1 de enero de 1823 en Santiago, Baquedano creció en un ambiente profundamente vinculado al ejército. Su padre, el general Fernando Baquedano, influyó notablemente en su formación y en su temprana vocación militar. Desde joven ingresó a las filas del ejército, donde desarrolló una carrera marcada por la constancia, la lealtad institucional y un estricto cumplimiento del deber.
Una de las virtudes más reconocidas en el oficial Baquedano fue su disciplina. Fue un comandante que exigía mucho a sus tropas, pero también se exigía a sí mismo con el mismo rigor. Sus contemporáneos lo describían como un hombre sobrio, austero y profundamente comprometido con el servicio a la Nación. No buscaba protagonismo político ni honores personales; su prestigio se construyó principalmente a través de su conducta en el campo de batalla.
Durante la Guerra del Pacífico, le correspondió al General Baquedano ocupar los cargos de más responsabilidad. En 1880 fue nombrado comandante en jefe del Ejército y, bajo su mando, se libraron las importantes batallas que marcaron el curso de la guerra: Tacna, Chorrillos y Miraflores.
El General Baquedano, católico practicante, creía firmemente en la importancia del orden, la autoridad y la estabilidad institucional. Su visión reflejaba la tradición conservadora chilena: firmeza en la acción, austeridad en la vida personal y humildad en el ejercicio del mando.
Un siglo después de su muerte, Chile presenció con espanto silencioso los ignobles atentados a la estatua que lo representaba. Los autores criminales supieron discernir que el General representaba lo que ellos odiaban pretendieron destruir.
Gracias a Dios, fracasaron.
En síntesis, el General Manuel Baquedano representó las virtudes características del espíritu cristiano.
El regreso de su estatua montado en su caballo Diamante al mismo lugar donde casi fue enteramente destruido, sin duda que representa el triunfo de los principios que él supo encarnar con gallardía, a la defensa de los cuales se consagra la acción de Chile en la Encrucijada.
Fotografía: https://www.facebook.com/VilasRadioFM/photos/tras-casi-cinco-a%C3%B1os-reinstalan-estatua-del-general-manuel-baquedano-en-la-emble/1596201472508170/