Por Juan Antonio Montes Varas
Este próximo miércoles 13 de mayo se cumplirán 109 años desde aquel bendito día de 1917 en que la Santísima Virgen se apareció ante los tres pastorcitos en Cova da Iria, Fátima. Ante esta conmemoración, cabe hacerse una pregunta fundamental para el alma de nuestra nación: ¿Tiene este acontecimiento celestial una relación directa con la crisis por la cual atraviesa Chile hoy? La respuesta es afirmativa y, por lo demás, sumamente alarmante.
La vinculación entre las profecías de la Madre de Dios en Fátima y la actualidad nacional es de una precisión pavorosa. En aquel año, antes de que se consolidara el terror bolchevique, Nuestra Madre advirtió al mundo que, si la humanidad no se convertía y no hacía penitencia, Rusia esparciría sus errores por el mundo entero, promoviendo guerras y persecuciones contra la Iglesia. ¿A qué errores se refería la Virgen? Evidentemente, al comunismo ateo, al ascenso de Lenin, a la imposición de la dialéctica del odio materialista y a la destrucción de la Civilización Cristiana.
Hoy en día, cuando miramos el panorama global, vemos con estupor que dentro de los poquísimos partidos políticos en el mundo que todavía se declaran abierta, rancia y orgullosamente «marxistas-leninistas», destaca el Partido Comunista de Chile. Mientras la gran mayoría de las colectividades homólogas en el planeta han tenido que colgar el uniforme —al menos de boca para afuera tras la caída del Muro de Berlín—, los comunistas chilenos perseveran con una obstinación ciega en el mismo error condenado por el Cielo en Fátima.
Esto hace que el mensaje de la Virgen adquiera en nuestra patria una actualidad y una gravedad particulares. Si la Madre de Dios advirtió que estos dogmas de odio producirían inmensos males, ¿cuánta destrucción no debemos prever nosotros de una colectividad criolla que insiste en aplicar las mismas tesis destructivas contra nuestra soberanía y nuestras tradiciones? El comunismo no ha cambiado su esencia. Por lo tanto, el llamado que hacemos hoy es a la oración, a la enmienda de vida y a mantener una postura de máxima vigilancia y rechazo frente a los planes que el proyecto marxista pretende implantar en Chile.