Monseñor Arguello, presidente de la Conferencia Epicopal denuncia: Ceuta es un «test» para Europa

Lo ocurrido en Ceuta debería ser mucho más que una crisis fronteriza española. Como advirtió el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Mons. Luis Argüello, «la invasión de Ceuta es un test. La demografía es un arma».

La palabra clave es test.

Porque lo ocurrido puso a prueba, en cuestión de horas, la capacidad de España para controlar una de las fronteras exteriores de Europa. Decenas de miles de personas lograron entrar en Ceuta y, posteriormente, la inmensa mayoría regresó a Marruecos. Una situación de semejante magnitud no puede ser considerada un episodio migratorio ordinario.

Y la pregunta inevitable es: ¿qué habría ocurrido si quienes entraron hubieran decidido permanecer en Ceuta?

La reacción de otros países europeos demuestra que la preocupación no es exclusivamente española. Italia y Dinamarca han reaccionado con especial dureza. Sus primeras ministras, Giorgia Meloni y Mette Frederiksen, han reclamado una política europea mucho más firme frente a la inmigración irregular, incluyendo mayores deportaciones y centros de repatriación en terceros países.

El dato político es significativo: Meloni y Frederiksen pertenecen a tradiciones políticas muy diferentes, pero han terminado coincidiendo en una cuestión fundamental: Europa necesita recuperar el control de sus fronteras y de su política migratoria. Un analista del Real Instituto Elcano ha destacado precisamente esta convergencia entre Italia y Dinamarca, pese a sus diferencias ideológicas.

No es, por tanto, solamente un problema de Ceuta.

Es un problema europeo.

La cuestión tampoco consiste en convertir al inmigrante en enemigo. Cada persona que llega tiene una dignidad que debe ser respetada. Pero una cosa es reconocer esa dignidad y otra muy distinta negar que las migraciones puedan ser instrumentalizadas políticamente.

Ahí adquiere especial fuerza la advertencia de Mons. Argüello: «La demografía es un arma».

No hace falta afirmar, sin pruebas, que Marruecos haya organizado deliberadamente lo ocurrido para comprender la gravedad del fenómeno. Basta observar el resultado: una frontera europea fue sometida, en pocas horas, a una presión humana de proporciones extraordinarias.

Y eso es precisamente lo que significa un test.

Se ha probado la resistencia de una frontera. Se ha probado la capacidad de reacción de un Gobierno. Y, sobre todo, se ha probado la solidaridad de los demás países europeos.

Italia y Dinamarca ya han dado su respuesta.

Ahora corresponde a España y a la Unión Europea preguntarse qué aprendieron de la prueba.

Porque si la demografía puede convertirse en un instrumento de presión, Europa no puede permitirse el lujo de descubrirlo solamente después de que sus fronteras hayan sido desbordadas.

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