El retorno de los «Compañeros de Ruta»: El cinismo de la izquierda ante la amenaza comunista

En los tiempos más oscuros de la Guerra Fría, el comunismo acuñó una expresión para referirse a aquellos que, sin militar en sus filas ni portar el carnet del partido, se sumaban dócilmente a su peregrinar de violencia y subversión: los «compañeros de ruta». Hoy, tras las recientes declaraciones de Lautaro Carmona, presidente del Partido Comunista, vemos con indignación cómo esa figura resucita en la política chilena con un cinismo renovado.

Carmona ha sido explícito: llama a una «articulación de los grupos movilizados». No se trata de un llamado a la participación ciudadana espontánea, sino de una movilización orquestada y dirigida desde las oficinas de la calle Vicuña Mackenna para cercar las instituciones y asfixiar cualquier intento de retorno al orden.

La complicidad del eufemismo

Lo que resulta verdaderamente pavoroso no es la naturaleza del PC —que nunca ha ocultado su vocación totalitaria—, sino la rapidez con la que los partidos de la ex-Concertación, el PPD y el Frente Amplio han salido a alinearse como nuevos compañeros de ruta.

Escuchar a Jaime Quintana (PPD) decir que «no ve un llamado insurreccional» en las palabras de Carmona, o al diputado Aedo (DC) pedir una «línea divisoria» mientras en la práctica caminan de la mano con el marxismo, es de un cinismo sin precedentes. Estos mismos grupos fueron los que, por acción u omisión, validaron la asonada marxista de octubre de 2019 que casi acaba con Chile. En aquel entonces, ninguno de ellos hizo nada real para detener la violencia; al contrario, la usaron como combustible para sus propios fines políticos.

¿Orden institucional bajo el puño comunista?

La condición que estos «compañeros de ruta» ponen hoy —que las movilizaciones sean «dentro del marco jurídico»— es un eufemismo vacío. ¿Cómo se puede esperar que el Partido Comunista se enmarque en el orden institucional chileno, cuando su doctrina misma exige la destrucción de la «democracia burguesa» para imponer su monopolio ideológico?

El comunismo siempre se disfraza, pero nunca cambia su esencia. Utiliza a estos aliados útiles para pavimentar el camino, para dar una pátina de legitimidad democrática a lo que no es más que un asalto al poder. La historia nos enseña que, una vez que el comunismo alcanza sus objetivos, lo primero que hace es deshacerse de esos mismos «compañeros de ruta» que le sirvieron de alfombra.

Un llamado a la claridad

Chile necesita orden, verdad y raíces cristianas. La democracia exige claridad, no camuflaje ideológico. Desde Chile en la Encrucijada, denunciamos este renacimiento del frente populista. No podemos aceptar que partidos que se dicen democráticos se conviertan en meros sujetos al servicio de una secta revolucionaria que busca desestabilizar a la Nación.

Las convicciones no se negocian según la coyuntura. Ante la amenaza de la agitación articulada, nuestra respuesta debe ser de advertencia y rechazo absoluto. Chile no puede volver a ser el campo de experimentación de una ideología que solo produce miseria y opresión. Es hora de que los chilenos de bien identifiquen a estos nuevos compañeros de ruta y les cierren el paso antes de que sea demasiado tarde.

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