De Lenin a Carmona: La «articulación» de la violencia contra Chile

Las declaraciones del presidente del Partido Comunista, Lautaro Carmona, no deben ser leídas como un simple exabrupto político ni como una estrategia electoral legítima. Cuando Carmona nos advierte que el PC se dedicará a «articular a los movilizados» para cercar y asfixiar al futuro gobierno —un gobierno que será elegido por la gran mayoría de los chilenos—, lo que está haciendo es reactivar la esencia misma del totalitarismo.

Lo más alarmante no es solo la amenaza comunista, sino la claudicación inmediata de los partidos de la ex-Concertación. Al sumarse con entusiasmo a este llamado a la agitación de masas, demuestran que han perdido cualquier rastro de vocación democrática, convirtiéndose en vagones de cola de un tren que solo conduce a la destrucción del orden social.

La raíz del mal: El modelo leninista

Resulta providencial que este llamado a la agitación coincida con el aniversario de la fundación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Esa ideología, que según el historiador Stéphane Courtois —autor del célebre Libro negro del comunismo— causó más de 100 millones de muertos, sigue viva en el ADN de quienes hoy dirigen el PC chileno.

Courtois es categórico: Lenin fue el primer totalitario de la historia. A diferencia de lo que dice su propaganda, a Lenin nunca le interesaron los pobres, ni los desvalidos, ni los obreros. Su único objetivo, teorizado en su obra ¿Qué hacer? de 1902, fue la creación de un «partido de revolucionarios profesionales».

Este tipo de organización no busca representar intereses ciudadanos, ni sectores económicos, ni valores nacionales. Su único fin es el poder total para imponer un monopolio absoluto sobre la propiedad, la economía, la cultura y la conciencia. El método para lograrlo es siempre el mismo: el terror de masas y la destrucción del orden de la civilización cristiana.

La «articulación» como arma de destrucción

Cuando el señor Carmona habla de «articular los movimientos», está usando el lenguaje cifrado del leninismo. No nos habla de participación ciudadana; nos habla de instalar grupos revolucionarios que actúen como una fuerza de choque contra las instituciones. Su objetivo es impedir el libre ejercicio del gobierno y terminar de demoler lo poco que queda de estabilidad en Chile.

El comunismo siempre se disfraza, pero nunca cambia su esencia. Ayer fue la Rusia de 1917, hoy es la amenaza de agitación callejera para desconocer la voluntad popular en las urnas. Detrás de la «articulación de los movilizados» se esconde el mismo rostro del totalitarismo que administró la escasez y el terror durante casi un siglo en el Este de Europa.

Advertencia y rechazo

Desde Chile en la Encrucijada, denunciamos esta maniobra. La democracia exige claridad, no camuflaje ideológico. No podemos permitir que una secta revolucionaria, experta en el odio de clases y en la destrucción de la propiedad privada, pretenda secuestrar el futuro de nuestra Nación bajo el pretexto de la «movilidad social».

Chile necesita orden, verdad y raíces cristianas. El proyecto de Carmona y sus aliados es el epílogo de una historia de opresión que los chilenos ya hemos rechazado y debemos volver a rechazar con firmeza. Las convicciones no se negocian según la coyuntura, y nuestra convicción es que Chile no será una provincia más del fracaso marxista.

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