¿Debe existir la Primera Dama en Chile?

Hay una discusión que se ha abierto y que vale la pena comentar: ¿debe o no existir la figura de la Primera Dama en el Estado de Chile?

La pregunta, en apariencia, es simple. Pero en realidad es un poco más compleja. Porque antes de preguntarnos si debe existir una Primera Dama, habría que preguntarse algo previo: ¿existen todavía damas en Chile?

La Primera Dama no aparece de la nada. Es la primera entre muchas. Representa a una generación, a una estirpe, a una realidad social más amplia. Y por eso el problema de fondo no es administrativo, sino cultural.

¿Qué es una dama? Ahí está la cuestión central.
La palabra dama proviene del latín domina. Era el título que se daba a la mujer que reunía ciertas condiciones muy concretas: esposa, madre y señora de su hogar. Si no cumplía esas condiciones, era una señorita, no una dama. Así se entendió durante siglos.

Cuando se han destruido los hogares, cuando ya casi nadie espera formar un matrimonio conforme a la ley natural y a la ley civil, cuando la maternidad se relativiza y el hogar deja de ser valorado, entonces la noción misma de dama entra en desuso. Y, con ella, la figura de la Primera Dama.

Por eso la izquierda quiere eliminarla. No porque sea un problema funcional, sino porque no encaja con su proyecto cultural. La Primera Dama recuerda algo que ellos quieren borrar.

El hecho de que en el próximo gobierno vuelva a existir una Primera Dama —y una que haga honor al nombre— puede ser un signo importante. Puede ser un incentivo para que vuelvan a existir muchas damas en Chile. Es decir, muchas mujeres que aspiren a ser esposas, madres de familia y señoras de su hogar.

Eso es lo que queremos para Chile.
Y por eso somos favorables a que exista la figura de la Primera Dama. No como un cargo político, sino como una señal cultural de que todavía hay realidades que vale la pena defender.

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