La sombra de la ideología sobre el bronce: ¿Por qué no vuelve el General Baquedano?

Es la pregunta que muchos chilenos nos hacemos con una mezcla de indignación y sospecha: ¿Por qué el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) arrastra los pies y demora tanto en aprobar el traslado del General Baquedano a su plaza? Esa plaza que la soberbia revolucionaria quiso rebautizar como «de la dignidad», pero que para el Chile con memoria sigue siendo la Plaza Baquedano.

Permítanme recordarles un dato que a estos señores parece habérseles olvidado: durante la asonada subversiva de octubre de 2019, fueron más de 400 las estatuas y monumentos nacionales destruidos o mancillados. En aquellos días de caos, el Consejo de Monumentos no dijo «ni esta boca es mía». Guardaron un silencio cómplice o, al menos, de una pasividad que asusta. Ningún chileno se enteró de que estuvieran preocupados por el patrimonio que ardía en las calles.

La farsa de las «razones técnicas»

Sin embargo, hoy nos encontramos con que estos mismos señores están sumamente inquietos. Ahora les preocupa la «resistencia del plinto», los cálculos estructurales y mil minucias técnicas para ver si el pedestal aguanta el peso del General y su noble caballo. ¡Qué curiosa solicitud la de estos burócratas!

Pero no nos engañemos. La verdadera razón no está en el cemento ni en el fierro, sino en las cabezas de quienes deciden. Casi la totalidad de los miembros del CMN han sido puestos allí por el gobierno de Boric. Y claro, para ellos, que el General Baquedano regrese victorioso a su sitial es el símbolo más amargo de su propio fracaso.

El regreso del orden frente al odio

Para esta casta ideologizada, la estatua de Baquedano es el recordatorio de que no pudieron con Chile. Su regreso significa el entierro definitivo de esa constitución indigenista y antichilena que quisieron imponernos por la fuerza. Por eso recurren a toda clase de triquiñuelas y papeleos para atrasar lo inevitable. Saben que ese día será una fiesta de la chilenidad, y eso es precisamente lo que no pueden tolerar.

Desde Chile en la Encrucijada, advertimos: el General debe volver. Y debe ser una ceremonia gloriosa, acompañada por el pueblo y por nuestras Fuerzas Armadas, como corresponde a un héroe de la Patria. No son los «estudios de resistencia» los que lo impiden, sino el sectarismo de quienes se creen dueños de nuestra historia.

Estemos atentos, porque esta batalla por nuestros símbolos es, en el fondo, la batalla por el alma de Chile. Muchas gracias y hasta nuestro próximo comentario.

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