Los herederos de Altamirano: El socialismo y su eterna justificación de la violencia

Por Juan Antonio Montes Varas

Las declaraciones del Partido Socialista y del Partido Comunista, dadas a conocer tras el cobarde atentado contra la ministra Linconao, son, verdaderamente, «de catálogo». Para quienes ya peinamos canas y tenemos algunos años de práctica observando la dialéctica marxista en nuestra Patria, estas palabras no son una novedad, sino el eco de un pasado oscuro que se niega a morir.

El fantasma de la Unidad Popular

Al leer estos comunicados, es imposible no recordar la actitud del socialismo chileno durante los años de la Unidad Popular, e incluso antes de su conformación. En aquella época, un joven Carlos Altamirano —líder estudiantil y entonces diputado— ya teorizaba y justificaba la violencia como un método legítimo para la expansión de las ideas revolucionarias. Para ellos, la ley y el orden eran simples obstáculos «burgueses» que debían ser removidos por la fuerza de la agitación.

Hoy, la Juventud Socialista parece seguir fielmente los pasos de Altamirano. En un ejercicio de contorsionismo retórico increíble, declaran que, si bien el atentado a la ministra «no amerita» ser celebrado, los verdaderos «acosados» son los autores de la agresión, quienes estarían sufriendo la persecución de un gobierno «autoritario».

La teoría de la paz y la práctica del ataque

Es la estrategia de siempre: en la teoría dicen rechazar la violencia, pero en la práctica denuncian como «ataque» cualquier intento del Estado por ejercer el legítimo monopolio de la fuerza y aplicar la ley. Es el victimismo del agresor. Denuncian que están siendo «atacados» por el simple hecho de que el gobierno no les permite ejercer la violencia con impunidad.

Este es exactamente el mismo escenario que vivimos antes y durante la tragedia de la Unidad Popular: una justificación de la violencia, a veces explícita y otras implícita, siempre culpando a quienes se oponen al rodillo socialista.

El «odio» como escudo del fracaso

Hoy utilizan la muletilla del «discurso de odio» para censurar al gobierno. Atacan a la actual administración por querer realizar las reformas que el país exige y por no someterse a la agenda que ellos intentaron imponer y en la que fracasaron rotundamente. Como no consiguieron hacer prosperar al país cuando tuvieron la oportunidad, hoy pretenden paralizarlo mediante la agitación y la complicidad semántica con los violentos.

Desde Chile en la Encrucijada, repudiamos categóricamente estas declaraciones del Partido Socialista y de sus compañeros de lucha del Partido Comunista. Chile no puede volver a los años donde la violencia era la partera de la historia. La seguridad de nuestros ministros y de cada ciudadano depende de que seamos capaces de señalar este doble estándar antes de que sea demasiado tarde.

Nuestra respuesta debe ser la de siempre: vigilancia, claridad doctrinal y un rechazo absoluto a quienes pretenden disfrazar de «lucha social» lo que no es más que simple criminalidad ideológica.

Compartir