«Plaza Dignidad»: lo que esconde una palabra

Monumento al General Baquedano, Santiago

El diputado Jaime Bassa insiste en llamar «Plaza de la Dignidad» a la Plaza Baquedano, la que todos conocemos como Plaza Italia. Podría parecer un asunto de nombres. No lo es.

¿Qué entiende la izquierda por dignidad? Para el marxismo, toda persona que tiene alguna inferioridad, sea económica, intelectual, laboral o de cualquier otro tipo, vive en una condición indigna, y debe rebelarse contra ella. De esa rebelión saldría, según ellos, el famoso «salto cualitativo» hacia una sociedad nueva. Es la lucha de clases presentada con palabras amables. Lo digan o no, ese es el presupuesto que comparten Bassa y sus compañeros: todo debe ser exactamente igual.

Con esa lógica se entiende por qué el general Baquedano les resulta intolerable. Un general a caballo, que manda una tropa y representa un orden instituido, es para ellos la imagen misma de la desigualdad. Y la desigualdad, en su esquema, es un mal que hay que derribar.

La historia ya conoce este lenguaje. Durante la Revolución Francesa, Robespierre consideraba sospechoso a todo el que no apoyaba la Revolución, y eso bastaba para llevarlo a la guillotina. La antigua Plaza Real de París, que hoy se llama Plaza de la Concordia, fue el escenario donde murieron miles de personas en nombre de la dignidad. Más tarde, la revolución comunista en Rusia asesinó al zar, a toda su familia y a buena parte de la nobleza, también en nombre de la dignidad. El guion se ha repetido en cada país donde el marxismo llegó al poder.

Por eso el nombre importa. Llamar «Plaza Dignidad» al lugar donde se cometieron tantos destrozos durante el estallido es darle a la violencia un título de honor. Conviene oponerse a esa iniciativa con claridad, y devolverle a la plaza el nombre que le corresponde.

Foto: Rodrigo Fernández, Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0.

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